El presidente Abelardo de la Espriella ha dejado claro desde su posesión el 7 de agosto de 2026 que la política energética será uno de los pilares de su administración. En su discurso inaugural en Cali, el mandatario anunció un giro radical respecto a la gestión anterior: recuperar la capacidad de exploración y producción de hidrocarburos, restaurar la solidez de Ecopetrol y abrir la puerta a la inversión privada y extranjera bajo reglas claras y estándares técnicos exigentes.
De la Espriella definió la recuperación de Ecopetrol como “una prioridad definitiva y absoluta” de su Gobierno. Criticó el deterioro de la compañía estatal, cuya utilidad neta pasó de alrededor de 33 billones de pesos en 2022 a solo 9 billones el año pasado. Para el nuevo presidente, esa caída no solo afectó las finanzas públicas, sino también a cientos de miles de colombianos que invirtieron sus ahorros en la empresa. “Recuperaremos la solidez de Ecopetrol, ampliaremos nuestras reservas estratégicas y aseguraremos el abastecimiento de petróleo y gas atrayendo nuevamente la inversión a ese importante sector”, afirmó.
El enfoque se centra en la seguridad energética como cuestión de soberanía nacional. Colombia, advirtió, no puede resignarse a reservas de petróleo limitadas a unos pocos años ni aceptar la continua disminución de las reservas de gas. En ese contexto, el presidente anunció que se autorizará el desarrollo del fracking “responsable y sostenible” bajo los más altos estándares técnicos y ambientales. Esta decisión, explicó, permitirá aumentar las reservas, garantizar el suministro interno y evitar una mayor dependencia de importaciones costosas.
Lejos de abandonar la transición energética, De la Espriella la enmarca en una lógica de fortaleza. “Creo en la transición energética. Pero esa transición debe construirse desde la fortaleza, no desde la debilidad; desde la autosuficiencia y no desde la dependencia”, señaló. Su propuesta combina la reactivación de la exploración convencional y no convencional de hidrocarburos con el impulso a fuentes renovables como la solar y la eólica. El gas natural aparece como combustible de transición clave, mientras se acelera el desarrollo de proyectos paralizados y se fortalece la generación térmica para enfrentar posibles fenómenos de El Niño y el crecimiento de la demanda eléctrica.
Para atraer capital extranjero e inversión privada, el Gobierno ha puesto sobre la mesa un paquete de medidas orientadas a recuperar la confianza. Entre ellas destacan un decreto de congelamiento del gasto público, la promesa de una reforma tributaria estructural que elimine el impuesto al patrimonio y el compromiso de respetar la independencia del Banco de la República. “Invertir en Colombia volverá a ser una decisión segura y rentable”, aseguró De la Espriella ante empresarios nacionales e internacionales.
El mensaje es claro: el país deja atrás lo que el presidente considera una “política antipetróleo” y vuelve a apostar por el aprovechamiento responsable de sus recursos naturales. Analistas del sector coinciden en que la reactivación de contratos de exploración, la posible reorientación de Ecopetrol hacia los hidrocarburos y la simplificación de trámites podrían detener la salida de empresas internacionales que se ha observado en los últimos años. Entre 2023 y 2025, la inversión extranjera en minería y petróleo cayó un 34 %, mientras la producción de crudo se redujo y las reservas continúan en descenso.
Sin embargo, el camino no estará exento de obstáculos. Expertos advierten que algunos aspectos, como la regulación definitiva del fracking o cambios en el sistema de consultas previas, enfrentarán límites constitucionales y judiciales. La implementación efectiva dependerá también de la capacidad del Ejecutivo para generar estabilidad jurídica y de la respuesta del Congreso a las reformas fiscales y regulatorias.
En los primeros días de su mandato, De la Espriella ha enviado señales inequívocas al mercado: Colombia busca recuperar su autosuficiencia energética, fortalecer a su principal empresa estatal y volver a ser un destino atractivo para el capital que financia la exploración y la producción. El éxito de esta estrategia se medirá en el mediano plazo por el comportamiento de las reservas, la llegada de nueva inversión y la capacidad de sostener el crecimiento económico sin renunciar a la diversificación de la matriz energética.
La apuesta es ambiciosa. El presidente sostiene que ningún país puede aspirar a un futuro de prosperidad si renuncia deliberadamente a aprovechar los recursos que tiene en su territorio. Con esa premisa, el Gobierno inicia un ciclo que busca equilibrar seguridad energética, atracción de inversión y transición ordenada, en un momento en que las finanzas públicas y el abastecimiento energético del país requieren decisiones firmes y resultados concretos.

