Llegaron a Europa con bates, guantes y el sueño de mostrarse ante cazatalentos. Pero al terminar los partidos, más de veinte jóvenes peloteros venezolanos decidieron no regresar. Esta semana, se presentaron en una comisaría en Barcelona para consultar cómo pedir asilo. El equipo de béisbol, que viajó para una gira deportiva por Italia y España, ahora enfrenta otra liga: la burocracia migratoria.
Del terreno de juego a una nueva vida: cuando el béisbol ya no es suficiente
Los jugadores pertenecen al equipo Guevara, una agrupación sub-23 que salió de Venezuela en marzo con la promesa de participar en partidos de exhibición por Europa. La gira fue anunciada en redes sociales por su presidente, Julio Guevara, quien luego regresó a casa junto a algunos miembros del plantel. Otros, en cambio, se quedaron.
Según reportes de la Policía Nacional, el lunes pasado al menos 20 de ellos acudieron a una estación en Barcelona. Querían saber cómo solicitar asilo. Algunos volvieron al día siguiente. Uno de los jugadores fue abordado por la prensa, pero prefirió no hablar.
En un video publicado en TikTok, Guevara confirmó que la gira pasó por Italia y España. Dijo también que los jugadores “estaban luchando por sus permisos”, aunque no aclaró si se refería a visados o solicitudes de protección internacional.
En Venezuela, el béisbol es religión. Para muchos jóvenes, representa no solo una pasión, sino una posible salida a la pobreza. A pesar del colapso económico y político que afecta al país desde 2013, siguen surgiendo talentos. Sin embargo, cada vez menos scouts viajan al país. Las condiciones, simplemente, no son las mismas.
Por eso, estas giras europeas se convierten en una rara oportunidad. Pero para algunos jugadores, la decisión fue más profunda: quedarse, buscar estabilidad, y comenzar desde cero. El asilo no garantiza nada, pero quizás sea la única forma de jugar un partido diferente. Uno donde no haya que volver al país que dejaron.