Las nuevas tarifas impuestas por el presidente Donald Trump están generando ondas sísmicas en la economía global, con un impacto especialmente fuerte en América Latina. Desde México hasta Brasil, gobiernos y empresas observan con preocupación cómo las medidas proteccionistas de Estados Unidos amenazan cadenas de suministro, encarecen productos básicos y disparan la inestabilidad en los mercados.
El paquete arancelario, anunciado esta semana en Washington, aplica tasas de entre 10% y 49% sobre productos importados, afectando directamente a socios comerciales clave en el hemisferio occidental. Solo China fue blanco de un arancel adicional del 34%, pero América Latina —aunque no siempre nombrada— ya comienza a sentir las consecuencias.
Caída de bolsas, tensión comercial y precios en alza
Las bolsas latinoamericanas reaccionaron con fuerza. El índice Bovespa de Brasil cerró con una caída del 3,2%, mientras que el Merval argentino retrocedió un 2,9%. En México, el peso se depreció frente al dólar, y sectores como el automotriz y el agroalimentario temen un desplome en sus exportaciones hacia Estados Unidos.
“Con aranceles tan agresivos, se encarece la producción y se frena el crecimiento”, explicó una fuente del Banco Central de Colombia. “Muchos insumos vienen de Estados Unidos, y eso impacta desde alimentos hasta tecnología.”
Los expertos advierten que la medida podría reducir en hasta 1% el volumen del comercio mundial, afectando directamente a economías exportadoras. El impacto también se refleja en el precio de productos cotidianos. El consumidor latinoamericano, ya golpeado por la inflación, podría enfrentar un nuevo ciclo de aumentos debido a la interrupción de las cadenas de valor.
Aunque países como el Reino Unido y Japón optaron por una postura conciliadora, América Latina carece de margen para represalias. “No podemos darnos el lujo de una guerra comercial con EE. UU.”, indicó un funcionario del Ministerio de Comercio de Perú. “Pero tampoco podemos quedarnos callados.”
Trump, por su parte, justifica los aranceles como una forma de “corregir décadas de abuso” por parte de los socios comerciales de Estados Unidos. Sin embargo, los analistas coinciden en que esta jugada representa una ruptura con el orden económico global basado en acuerdos de libre comercio, afectando especialmente a los países en desarrollo.
Mientras tanto, la Organización Mundial del Comercio alertó que las medidas podrían profundizar la desigualdad entre naciones. El continente americano, altamente dependiente del comercio con EE. UU., se encuentra ahora en el epicentro de un terremoto económico cuyas réplicas apenas comienzan.