Los precios del petróleo volvieron a dispararse este jueves (19) en medio de una nueva escalada del conflicto en Medio Oriente. El barril de Brent, referencia internacional, superó los US$115 y alcanzó su nivel más alto en más de una semana.
El movimiento se produjo después de que Irán atacara instalaciones de producción de energía en varios puntos de la región. La ofensiva fue interpretada como una respuesta al ataque previo de Israel contra South Pars, el mayor campo de gas natural del mundo, ubicado en el Golfo Pérsico.
El impacto en los mercados fue inmediato. En Europa, los futuros del gas natural llegaron a subir hasta un 35% en las primeras horas del día. Más tarde, la cotización moderó el avance, pero aún registraba una subida cercana al 14% hacia el mediodía.
En respuesta a la ofensiva israelí, Irán lanzó ataques contra instalaciones energéticas en Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. En Kuwait, dos refinerías estatales fueron alcanzadas por drones, lo que provocó incendios.
Según QatarEnergy, uno de los ataques destruyó cerca del 17% de la capacidad de producción de gas natural licuado del país, con un impacto que podría extenderse entre tres y cinco años.
Horas después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que tanto su país como Qatar no tuvieron participación ni conocimiento previo de los ataques. Además, pidió que Israel no continúe con nuevas ofensivas sobre el campo de South Pars.
Mercado bajo presión y reacción global
El mercado energético reaccionó con fuerza. A las 7:52 (hora de Brasilia), los contratos del Brent avanzaban un 6,58%, cotizando en US$114,45 por barril. Durante la sesión, el precio llegó a tocar los US$115,10, el nivel más alto desde el 9 de marzo.
Por su parte, el petróleo WTI, referencia en Estados Unidos, subía un 1,05% hasta los US$96,46. Más temprano, había alcanzado los US$100,02.
La diferencia entre ambos indicadores también llamó la atención. El WTI se mantiene con el mayor descuento frente al Brent en más de una década. Esto se explica, en parte, por la liberación de reservas estratégicas en Estados Unidos y por los mayores costos logísticos.
Al mismo tiempo, los nuevos ataques en Medio Oriente intensificaron la presión alcista sobre el Brent, que refleja más directamente las tensiones geopolíticas globales.
“La escalada en Medio Oriente y los ataques a infraestructura energética apuntan a una interrupción prolongada del suministro de petróleo”, señaló Priyanka Sachdeva, analista de Phillip Nova.
El impacto también se extendió a los mercados financieros. En Estados Unidos, los futuros del Dow Jones caían 0,38%, mientras el S&P 500 retrocedía 0,45% y el Nasdaq 100 bajaba 0,61%.
En Europa, las pérdidas fueron más pronunciadas. El FTSE 100 de Londres caía 2,40%, el DAX alemán retrocedía 2,41% y el CAC 40 francés perdía 1,77%.
En Asia, el índice de Shanghái cerró con una baja del 1,4%, mientras el CSI300 cayó 1,6%. Hong Kong también registró pérdidas, con el Hang Seng retrocediendo 2%. En Japón, el Nikkei cayó con fuerza, un 3,4%.
La tensión también generó reacciones políticas. Cancilleres y autoridades de 12 países árabes e islámicos condenaron los ataques de Irán durante una reunión en Riad. En una declaración conjunta, pidieron el cese inmediato de las ofensivas y criticaron el uso de misiles y drones contra infraestructura civil y estratégica.
Entre los países presentes estuvieron Qatar, Egipto, Arabia Saudita, Turquía y Emiratos Árabes Unidos, entre otros.
En paralelo, se reportaron daños significativos en instalaciones clave. En Qatar, misiles iraníes impactaron la ciudad industrial de Ras Laffan, responsable de procesar cerca de una quinta parte del GNL consumido a nivel mundial.
En Arabia Saudita, un puerto petrolero en el Mar Rojo también fue alcanzado.
Los ataques evidencian que Irán mantiene capacidad para afectar el suministro energético global. Además, dejan al descubierto posibles fallas en los sistemas de defensa aérea en una de las regiones más estratégicas del mundo.
Por otro lado, también reflejan posibles diferencias en la coordinación entre Estados Unidos e Israel, a pesar de las semanas de conflicto.
De acuerdo con fuentes citadas por Reuters, el gobierno estadounidense evalúa reforzar su presencia militar en la región. Entre las opciones analizadas se encuentra garantizar la seguridad de los buques petroleros en el Estrecho de Ormuz mediante operaciones aéreas y navales.
Sin embargo, algunas alternativas contemplan incluso el despliegue de tropas en territorio cercano a Irán. Entre ellas, una posible operación en la isla de Kharg, responsable de cerca del 90% de las exportaciones petroleras iraníes.
Funcionarios advierten que se trataría de una misión de alto riesgo, debido a la capacidad del país para responder con misiles y drones.

